Para muchos adolescentes, las vacaciones en familia no son el plan soñado. Prefieren estar con sus amigos, dormir hasta tarde o quedarse en casa con el móvil. Los padres, en cambio, esperan compartir tiempo y descansar del ritmo del año. Si nadie habla de estas diferencias antes de salir, es fácil que el viaje se llene de silencios y de pequeñas discusiones. Con un poco de conversación previa, todo cambia.
Contar con ellos desde el principio
Lo primero es incluir al adolescente en la planificación. Se le pregunta qué le gustaría hacer, qué le apetece ver y qué prefiere evitar. No todas las ideas serán posibles, pero sentirse escuchado cambia la actitud. Una vez elegido el destino, se reparte la organización: uno busca una excursión, otro elige un sitio para comer, otro se ocupa del mapa. Cuando tiene una parte del viaje en sus manos, el adolescente deja de sentirse como un simple acompañante.
También conviene pactar tiempo propio. Cada persona necesita momentos sin obligaciones, y los adolescentes más que nadie. Un rato de la mañana para dormir, una tarde libre para pasear solo por el pueblo, un tiempo con música y auriculares en el coche. Estos espacios se acuerdan por adelantado y sin reproches, y ayudan a que después el adolescente participe con más ganas en los momentos de familia.
Las tareas del viaje se reparten como en casa, pero con algo más de flexibilidad. Poner la mesa, llevar la compra, recoger el apartamento antes de salir o cargar el coche son cosas que pueden hacer todos. Turnarse entre los miembros de la familia evita que siempre sean los mismos quienes las hagan. Si un adolescente se encarga de una tarea con responsabilidad, como orientarse con el mapa, la vive con orgullo y no como una carga que le han impuesto.
Al terminar cada día, una breve charla ayuda a ajustar el plan: qué ha gustado, qué ha sobrado, qué apetece para mañana. No se trata de un juicio, sino de una conversación tranquila. Con el tiempo, los adolescentes suelen sorprender con comentarios positivos que ellos mismos no esperaban decir. Las vacaciones con ellos no serán perfectas, pero pueden ser un buen recuerdo compartido si se respetan gustos y ritmos distintos y se deja espacio para la sorpresa.